| CAPÍTULO | FECHA | AYUDA |
| SCUBA EXPERIENCE | 18/10/2021 02:13:01 | SOLICITAR |
Cuando hayas terminado de leer este capítulo deberías ser capaz de contestar las siguientes preguntas:
Bienvenidos al maravilloso mundo de las actividades subacuáticas. Acabas de emprender una larga serie de apasionantes aventuras. Vivirás emociones que te acompañarán durante toda la vida, en un mundo completamente distinto del que habitas normalmente. Un mundo siempre nuevo, que no se repite jamás, donde cambia la percepción de los sentidos, el modo de comunicar e incluso la manera de respirar, y donde podrás dar rienda suelta a tu deseo de libertad.
Para los buceadores, el mundo sumergido es un auténtico paraíso en el que disfrutar de una naturaleza libre y sin contaminar. Una naturaleza salvaje que permite experimentar en primera persona lo que hasta entonces solo se ha podido admirar en documentales y películas. Pronto descubrirás que es fácil dejarse albergar por este mundo tan maravilloso.
La actividad subacuática también te ayudará a conocerte mejor y a aumentar tu capacidad de control, y te permitirá ponerte a prueba superando las dificultades que se puedan presentar.
Junto a tus compañeros de curso formaréis un equipo perfecto, capaz de superar las pruebas más difíciles para obtener un premio que muchos no llegan ni siquiera a imaginar: la exploración de un mundo desconocido que se oculta a pocos pasos de tu casa. No es un caso que la primera fase del adiestramiento de los astronautas consista precisamente en un curso de buceo.
Existen múltiples analogías entre los exploradores del espacio y los buceadores. Ambas categorías se encuentran en un mundo desprovisto de gravedad, emplean equipos especiales para respirar y se mueven en un ambiente con presiones y características muy diferentes de las habituales.
Tanto los buceadores como los astronautas entran en mundos vastos y en parte desconocidos, donde las exploraciones y los descubrimientos se realizan a diario, incluso casualmente. Pero a diferencia del espacio, el mundo sumergido esta lleno de vida.
Dentro de poco tendrás la gran suerte de visitar la inmensa extensión de agua que circunda las superficies terrestres del planeta. En calidad de buceador, podrás sumergirte en las cálidas aguas tropicales, en las frías aguas polares, en las grutas sumergidas y en todos los mares y lagos del mundo. En todos estos lugares vivirás experiencias inolvidables.
Antes de sumergirte, el instructor te pedirá que rellenes un “informe médico” en el que se mencionan todas las contraindicaciones para el ejercicio de la actividad subacuática. Léelas con atención y marca todas las casillas para confirmar que sabes cuando es necesario consultar a un médico. En los casos que requieren un control médico, es aconsejable efectuar un reconocimiento para asegurarse de que no haya ninguna situación incompatible con la actividad de inmersión.
El mundo en el que vivimos es una realidad física, tangible. Como tal, todo lo que le pertenece tiene una sustancia y está formado por elementos reales. Estos elementos, diminutos en nuestro mundo, reciben el nombre de moléculas. El conjunto de todas las moléculas que forman un único individuo o cuerpo constituye la “masa” del mismo, de manera que cada hombre tiene su propia masa.
Existen otras propiedades que no pertenecen a todo lo que nos circunda. Un sólido, como por ejemplo una piedra, tiene una masa y ocupa una cantidad de espacio bien determinada llamada “volumen”. Además, los sólidos tienen una “forma” propia.
Pero si tomamos un líquido, por ejemplo el agua, descubrimos inmediatamente que aunque tiene una masa y un volumen (medido en litros) no tiene una forma propia, sino que asume la del recipiente que lo contiene.
Los gases, como el aire, solo tienen masa y no poseen ni una forma ni un volumen propio. ¡Comprobémoslo! Tomemos una jeringuilla como las que se utilizan para las inyecciones hipodérmicas, quitemos la aguja y aspiremos aire en su interior. Cerremos después el agujero de salida y presionemos el pistón. Descubriremos que al aumentar la fuerza conseguimos reducir el volumen de aire de la jeringuilla. Estamos “comprimiendo” el aire. Repitamos el experimento aspirando agua en el interior de la jeringuilla. En este caso, aunque empujemos con fuerza no lograremos comprimir el agua. De este modo hemos constatado directamente una propiedad importante de los gases: pueden comprimirse, a diferencia de lo que ocurre con los líquidos que prácticamente no lo permiten.
Esta propiedad se denomina “densidad”. Los líquidos son mucho más densos que los gases: de hecho, el agua es aproximadamente 800 veces más densa que el aire.
Durante siglos los hombres han visitado el mundo acuático caminando sobre el fondo, como hacían los “escafandristas”. Hasta hace pocos decenios no se conocía un instrumento fundamental para nuestra actividad: las aletas. Las aletas disponibles en el mercado son de varios tipos y poseen distintas características. Están formadas por 2 partes fundamentales: la pala, que tiene la función de desplazar el agua, y la parte donde se introduce el pie, conocida con el nombre de "zapato".
Fundamentalmente existen dos tipos de zapatos: el cerrado, parecido a un mocasín, y el abierto, en el que la parte trasera ha sido reemplazada por una correa de goma. El primer tipo es más eficaz y por lo tanto el preferido de los apneistas. Tienes que tener en cuenta que serán pocas las veces que utilizarás las aletas descalzo. En general, interpondrás un “escarpín” realizado en el mismo material que el traje de buceo (Capítulo 4). Si tienes que caminar sobre un arrecife o un muelle, los escarpines te servirán para proteger las plantas de los pies. Por eso muchos buceadores prefieren utilizar los escarpines de suela rígida, que requieren el uso de aletas de zapato abierto. Cuando compres las aletas, acuérdate de comprar también los escarpines. A causa de su espesor, una vez puestos no podrás usar las mismas aletas que puedes llevar cuando estás descalzo. Un requisito fundamental de las aletas es que deben adaptarse cómodamente al pie (deben ajustarse a él sin apretar). Todos los modelos se fabrican en varias tallas. Pruébatelas para elegir la que te queda mejor. Para no hacer el ridículo, recuerda que en general las dos aletas son iguales: a diferencia del calzado normal, no tienen pie derecho e izquierdo.
Bien, ahora conoces el mejor sistema para desplazarte en el agua pero si intentas mirar debajo de su superficie, a pesar de todos tus esfuerzos verás un mundo "desenfocado".
Esto ocurre porque nuestro ojo está adaptado para funcionar correctamente en el aire y no en el agua.
El sistema más simple para ver con claridad consiste en colocar el ojo en condiciones afines a su propia conformación, es decir, interponiendo un cojín de aire entre el ojo y el agua.
Esta es la razón de ser de la máscara.
En general las máscaras están formadas por uno o más cristales, un marco rígido y un faldón blando. Todos estos elementos deben estar combinados correctamente para lograr un compromiso ideal entre un amplio campo visual y un volumen de aire interno reducido.
Para los buceadores es esencial que la máscara incluya la nariz ya que, como aprenderemos a continuación, tenemos que “compensar” el cojín de aire que contiene.
Las máscaras más viejas no son adecuadas para nuestro objetivo porque no permiten aislar la nariz del exterior para “compensar”.
Si se empaña el cristal de la máscara, la claridad visual se pierde. Para prevenir este inconveniente es necesario frotar de vez en cuando el lado interno y externo del cristal con pasta de dientes, pasta lavamanos o un detergente específico.
Además, antes de cada inmersión es conveniente extender “activos ” sobre el lado interno del cristal, como los que se encuentran en el jabón líquido o en el champú, en los líquidos de limpieza o simplemente en las enzimas de la saliva.
Por último, es importante dejar un poco de agua en la máscara hasta el momento de utilizarla.
Otro valioso componente del equipo subacuático es el tubo, que permite respirar en la superficie mientras se observa el fondo.
En general este tubo está realizado en material semirrígido, perfilado de modo que sigue el contorno de la cabeza, mientras que la boquilla casi siempre es de silicona analérgica y en algunos casos está modelada con formas más anatómicas.
La máscara debe disponer de un dispositivo adecuado para unirla a la correa.
El tubo debe fijarse en el lado izquierdo de la máscara, dado que en la parte derecha se acoplará el regulador. Asegúrate de que su posición permita utilizarlo cómodamente, sin que se cansen las mandíbulas.
Sin duda habrás notado que después de permanecer algún tiempo en el agua empiezas a sentir frío, aunque al principio te haya parecido que el agua estaba caliente.
Cuando el ambiente está formado por aire, la cesión del calor es moderada, ya que este gas no es un buen conductor del calor mientras se encuentra atrapado en la ropa.
En el agua la absorción y la transmisión de calor son considerablemente superiores. En definitiva, a paridad de temperatura en el agua nos enfriamos antes que en el aire, por lo que es necesario utilizar equipos especiales para limitar la dispersión del calor corpora.
Para protegerse contra la pérdida del calor, los buceadores utilizan “trajes de submarinista” realizados con materiales especiales capaces de limitar la dispersión térmica.
Para cumplir una función aislante, los materiales de los trajes de submarinista –generalmente neopreno– se utilizan bajo forma de espumas sintéticas, que contienen burbujas de aire y nitrógeno. Al ser malos conductores del calor, estos gases reducen considerablemente el intercambio térmico entre la capa de agua o de aire que está en contacto con la piel y el agua del exterior. Cuanto más gruesa sea la espuma, mayor resultará su acción aislante.
El tipo de material que se debe emplear y su grosor dependen fundamentalmente de la temperatura del agua en la que se realizará la inmersión y de su duración. El traje también sirve para proteger al buceador contra las quemaduras solares mientras nada en la superficie del agua y contra los objetos cortantes y los animales urticantes que puede encontrar durante la inmersión.
Uno de los puntos débiles de los trajes húmedos son las cremalleras, ya que el agua fría penetra por ellas en el interior del traje. Por eso los apneistas que pasan mucho tiempo en el agua (por ejemplo los pescadores submarinos) prefieren utilizar trajes ajustados y sin cremalleras. Estos modelos presentan una mayor dificultad a la hora de vestirse (para ponérselos puede ser necesario mojarlos por dentro con agua y jabón o champú).
Cuando el traje no protege los pies, las manos y la cabeza se produce una gran pérdida de calor.
En algunos casos también es necesario proteger las manos y los pies con guantes y escarpines de neopreno, mientras que para la cabeza se utiliza una capucha, que puede integrarse en el traje.
Para los trajes y para sus accesorios, el criterio ideal de selección es el mismo que has aprendido para los otros equipos: deben ser cómodos (apropiados para tu conformación corporal) y ajustarse sin apretar demasiado.
El mantenimiento del traje consiste en aclararlo después de cada inmersión, secarlo a la sombra y conservarlo en un lugar fresco y seco. Debe guardarse colgado en una percha.
Al entrar en el agua con el traje notarás que flotas mucho más fácilmente que cuando te encuentras desnudo.
El traje contiene numerosas burbujas de gas, que al ser más ligero que el agua proporciona un buen empuje de flotabilidad.
Si intentas descender llevando puesto solamente el traje de neopreno descubrirás que tu condición de flotabilidad es positiva en todas las profundidades. Para descender sin cansarte deberás utilizar necesariamente un lastre.
El lastre tradicional está formado por un cinturón de nylon dotado de una hebilla terminal de metal o de plástico. Esta hebilla debe ser de “zafado rápido con una sola mano”.
En el cinturón se insertan algunos pesos de plomo, de distintas formas y medidas.
Tu instructor te enseñará las técnicas principales para ponerte el cinturón. Lo importante es que la hebilla quede siempre a la izquierda y que una vez puesta el terminal libre sobresalga, pero sin exagerar.
En caso de necesidad, esta precaución hace que cualquier persona pueda desenganchar rápidamente el cinturón de un compañero que se encuentra en una situación difícil.
Al manejar el lastre, recuerda que debes sujetarlo siempre por el terminal libre para impedir que los plomos puedan desprenderse si están mal fijados.
Existen muchas variantes de sistemas de lastre.
En algunos casos se encuentra integrado en otros componentes, que deben permitir siempre el zafado rápido del lastre.
En términos físicos la presión es la fuerza que actúa sobre una superficie. Piensa en nuestro planeta, por ejemplo. Dondequiera que estés, siempre hay aire a tu alrededor. El aire ocupa una franja que se extiende desde la superficie de la Tierra hacia arriba por decenas de miles de metros formando la atmósfera. A causa de la fuerza de gravedad, todas las moléculas de aire, incluso las más lejanas, experimentan una atracción hacia abajo, es decir, tienen un "peso": la capa que se encuentra al nivel del mar sostiene el peso de todas las capas que están por encima de ella.
El peso del aire ejerce una fuerza uniforme y en todas las direcciones sobre los cuerpos que se encuentran en esa franja, empujando sobre su superficie. Este empuje es la “presión atmosférica”.
Al nivel del mar, la presión tiene un valor de 1.013 hPa (hectopascal, denominación moderna de los antiguos milibares), pero nosotros utilizaremos la vieja fórmula de 1 atm (atmósfera) para simplificar.
Si para originar una presión de 1 atm hace falta una columna de aire de la misma altura que toda la atmósfera terrestre, para obtener una equivalente con agua salada es suficiente una columna de tan solo 10 metros.
Por lo tanto, si durante la inmersión desciendes a 10 metros de profundidad te encontrarás a una presión 1 atm superior a la de la superficie, mientras que al llegar a los 20 metros estarás a 2 atm más. Esta presión generada por el agua se denomina “presión hidrostática”.
Nosotros no percibimos fácilmente las variaciones de presión, dado que nuestro cuerpo está formado por sólidos y líquidos que, como recordarás del capítulo anterior, no pueden comprimirse.
Pero si llevásemos un globo lleno de gas debajo del agua, veríamos inmediatamente cómo disminuye su volumen a medida que vamos descendiendo.
La variación de volumen del globo es “inversamente proporcional” a la presión absoluta. Esto significa que si la presión absoluta se duplica el volumen del gas se reduce a la mitad, si la presión absoluta se triplica el volumen se reduce a un tercio, y así sucesivamente. Los únicos equipos o partes de nuestro cuerpo que pueden verse afectados por este fenómeno de compresión son las cavidades gaseosas.
Para comprender bien los efectos de la presión en el cuerpo es necesario considerar también si una cavidad está conectada directamente con el exterior o a través de una membrana.
Si te sumerges con el cubo sin membrana manteniendo la abertura siempre hacia abajo, el aumento de presión comportará una reducción del volumen del aire y entrará agua en el cubo. Por el contrario, si bajas con el cubo cerrado con la membrana, el empuje de la presión hará que la película de plástico se curve hacia el interior (“introflexión”), igualando la presión interna a la externa. Al seguir bajando la membrana se tensará al máximo, resistiendo a la acción de la presión externa.
En el interior de la cavidad se obtendrá una presión inferior a la externa. Nos encontramos ante un caso de “diferencia de presión en compresión”, dado que las presiones son distintas en el interior y el exterior de la cavidad y que esta diferencia se ha producido durante el descenso (es decir, en compresión). Esta situación solo puede durar hasta que se rompa la membrana, que ya se encuentra demasiado tensa a causa del aumento continuo de presión.
Para evitar la diferencia de presión y la rotura de la membrana, debes encontrar la manera de introducir gas en la cavidad hasta igualar la presión interna a la externa. Esta operación se llama “compensación”.
¿Cuáles son las cavidades gaseosas presentes en el buceador? La mayor de ellas son los pulmones, pero su compensación tiene lugar automáticamente, sin la intervención del buceador.
Otra cavidad gaseosa, aunque sea artificial, es el cojinete de aire presente en la máscara. Dado que el faldón es blando, este cojinete de aire reduce su volumen cuando aumenta la presión. Si la máscara no consigue deformarse, por ejemplo porque el marco rígido empuja contra la nariz, la presión en su interior resulta inferior a la externa.
Si esta diferencia es demasiado grande, los capilares oculares pueden romperse y provocar un derrame de sangre que enrojecerá el ojo. Este efecto, conocido con el nombre de “golpe de ventosa”, es muy fácil de evitar: basta expulsar un poco de aire en la máscara por la nariz mientras se está descendiendo. Esta es la razón por la que la nariz debe estar dentro de la máscara, mientras que las gafas que se utilizan para practicar la natación no son adecuadas para sumergirse debajo del agua.
Otra cavidad que se conecta con el exterior a través de una membrana es el oído medio. Seguramente alguna vez habrás sentido una extraña sensación de “compresión” en los oídos mientras te encontrabas en el coche, en un avión o debajo del agua. ¿De dónde procede? El oído está dividido en tres partes: la exterior, una simple cavidad abierta; la media, una cavidad gaseosa separada del exterior por una membrana (el “tímpano) y la interior, compuesta por tejidos sólidos y líquidos. El oído medio se comporta exactamente como el cubo con la membrana.
Al bajar el tímpano se hunde y, si se tensa demasiado, produce una molesta sensación de compresión que al seguir descendiendo se transforma en dolor e incluso puede provocar la rotura del tímpano. Bastan pocos metros de descenso en el agua para llegar a este límite.
Por suerte, el oído medio está conectado al paladar a través de un pequeño canal, conocido con el nombre de trompa de Eustaquio. Con algunas técnicas particulares (llamadas precisamente “de compensación”) podemos mandar aire al oído medio desde la garganta para compensar la presión externa.
Gracias a la existencia de algunos canales, con esta acción de compensación no solo igualamos la presión del oído medio, sino también en una serie de cavidades gaseosas del cráneo, los senos paranasales.
Un evento muy doloroso, pero afortunadamente muy raro, puede afectar a los dientes con caries o con empastes defectuosos o dañados: durante el descenso la carne de las encías y los tejidos de los alveolos dentales pueden verse empujados dentro de la cavidad, provocando un dolor lacerante.
Si permaneces a una profundidad fija no necesitarás compensar la máscara y podrás expulsar el aire por la boca. Comparada con la "terrestre”, la respiración tendrá que ser más lenta y profunda. Es importante recordar que debajo del agua no se debe contener nunca la respiración, sobre todo cuando es necesario quitarse el regulador de la boca.
Para poder permanecer durante mucho tiempo debajo del agua, necesitamos llevar con nosotros aire para respirar. Con este fin utilizamos “botellas”: recipientes metálicos que contienen aire comprimido.
Las botellas se realizan en distintos materiales, como acero o aluminio, y recientemente también en metal revestido con fibras. Las botellas de acero son compactas, pero deben estar protegidas contra la corrosión del agua dado que se oxidan fácilmente. Las botellas de aluminio, más comunes en los trópicos a causa de su alto grado de humedad, resisten bien a la oxidación, pero a paridad de capacidad presentan una mayor flotabilidad y obligan al buceador a utilizar lastres más pesados.
Cada botella está provista de una grifería, a la que se conecta un dispositivo denominado “regulador” que reduce la presión del aire hasta el valor de la presión ambiental. La estanqueidad entre la grifería y la botella está garantizada por una junta sintética con forma de anillo, llamada junta tórica. Las griferías pueden ser de conexión única o doble. Esta última ofrece la posibilidad de utilizar dos reguladores separados. La estanqueidad entre la grifería y el regulador también está garantizada por una junta tórica.
Si cuando estamos debajo del agua salen burbujas de aire de la grifería, o peor aún, de su conexión con la botella, significa que alguna de estas juntas tóricas se ha deteriorado. En este caso, es necesario descargar la botella en cuanto sea posible (haciendo salir el aire lentamente) y llevarla a un centro de asistencia.
La botella no debe permanecer en posición vertical, ya que podría caerse y sufrir desperfectos con el impacto o provocar lesiones a alguna persona. Es necesario apoyarla en el suelo de costado en cuando sea posible, asegurándose de que no pueda moverse ni rodar accidentalmente.
Para poder respirar debajo del agua necesitamos un regulador de demanda que nos permita retirar aire de la botella a la presión del ambiente siempre que lo necesitemos, simplemente inspirando.
Los reguladores modernos son modelos “de dos etapas”, es decir, están formados por dos cuerpos distintos llamados “etapas” conectados entre sí mediante un tubo, llamado “latiguillo”. Suministran aire a la presión del ambiente independientemente de la profundidad y de la presión de la botella, siempre que esta lo contenga.
Si cuando estamos debajo del agua salen burbujas de aire del latiguillo, significa que es necesario llevar el regulador inmediatamente a un centro de asistencia.
La primera etapa se conecta a la grifería de la botella. En función de los modelos, la conexión puede ser de tipo Int, un sistema de conexión rápida con un estribo y una palomilla, o Din, en el que la primera etapa se enrosca directamente en la grifería. La segunda etapa está compuesta por un cuerpo que contiene todo el dispositivo mecánico, una boquilla de goma blanda la parte que se introduce en la boca, un deflector que encauza lateralmente las burbujas de descarga emitidas en la fase de espiración y un botón de control del abastecimiento que, al pulsarlo, suministra el aire manualmente. Si están sujetos a homologación por parte de entes técnicos, todos los reguladores presentes en el mercado son fiables, aunque obviamente los distintos modelos ofrecen prestaciones diferentes. Para empezar a practicar la actividad subacuática no es necesario comprar un regulador muy sofisticado, sino que se debe dar prioridad a su robustez y fiabilidad.
Por último, recuerda que el regulador debe ser revisado una vez al año por un técnico especializado, que se encargará de reemplazar las partes sujetas a desgaste.
Gracias al equipo de buceo podrás disfrutar de una condición de flotabilidad neutra debajo del agua en cualquier situación y permanecer suspendido a una profundidad intermedia sin ningún esfuerzo.
El dispositivo que contribuye a lograr este objetivo es el chaleco de compensación, ya que es capaz de aumentar el volumen del buceador para contrastar el efecto del lastre y compensar la disminución de espesor que experimenta el traje al sumergirse en profundidad.
El chaleco de compensación está formado por un saco inflable, un correaje que lo enlaza al cuerpo y un sistema de ajuste a la botella. El sistema de cierre del correaje está realizado con dispositivos de abroche rápido, para facilitar las maniobras de colocación y regulación del equipo.
El chaleco dispone de un grupo de mandos que puede unirse a un tubo flexible conectado a la primera etapa del regulador mediante un acoplamiento rápido.
Existen varios tipos de grupos de control, pero todos presentan un botón de inflado y otro de desinflado. Todos ellos deben poder accionarse con una sola mano. En algunos modelos de chaleco los grupos de control están colocados al final de un tubo anillado, mientras que en otros están situados en el saco, en una posición fácilmente accesible.
Si utilizas el grupo de control situado en el tubo anillado, debes recordar que para descargar el aire el grupo debe encontrarse siempre a mayor altura que el saco, ya que de lo contrario es como intentar rellenar una botella sujetándola boca abajo.
Todos los chalecos disponen también de un sistema de inflado “con la boca” de emergencia.
Por último, debe haber presentes unas “válvulas de sobrepresión”, que se abrirán automáticamente si la presión en el interior del chaleco alcanza un valor demasiado elevado con el fin de evitar que se produzcan desperfectos en el saco.
A menudo estas válvulas pueden controlarse también manualmente y desempeñar una función adicional como "válvulas de vaciado rápido".
Los chalecos pueden incluir muchos accesorios útiles: bolsillos para guardar objetos, dispositivo de aviso de emergencia (basta un silbato común) e incluso bolsillos para el lastre, para aplicar los pesos necesarios.
El mantenimiento del chaleco es bastante simple: basta aclararlo después de cada inmersión y ponerlo a secar a la sombra. No obstante, hay que tener en cuenta que cuando se accionan las válvulas de vaciado puede penetrar un poco de agua salada en su interior, por lo que es oportuno eliminar el agua salada del saco después de cada inmersión y aclararlo con agua dulce, haciendo que penetre por el mando de inflado oral.
Durante la inmersión es importante poder calcular cuánto durará todavía la reserva de aire. Para hacerlo se utiliza un instrumento que desempeña la misma función que el indicador del nivel de combustible en el automóvil: el manómetro. El manómetro es un dispositivo que se conecta a la primera etapa del regulador mediante un latiguillo de alta presión e indica al buceador la presión del aire presente en las botellas. En general el sector del cuadrante cercano al cero está marcado en rojo. Es la zona de la “reserva”.
Cuando la presión desciende hasta este sector, es como si el indicador luminoso de la reserva de combustible del automóvil empezase a parpadear. Del mismo modo que no puedes salir de viaje con tu coche si el indicador del nivel del combustible está roto, tampoco puedes sumergirse sin manómetro.
Cada buceador dispone de una segunda etapa de regulador auxiliar, que sirve para poder ofrecer aire a un compañero de inmersión en caso de necesidad. Para que resulte fácil de reconocer durante la inmersión, esta segunda etapa está marcada con un color más claro que el principal y a menudo su latiguillo es de color amarillo.
La segunda etapa auxiliar debe estar bien accesible y ser fácil de utilizar por un compañero que se encuentre en una situación difícil. Por eso debe ajustarse con un sistema de desenganche “de tirón” bien visible sobre el pecho del buceador.
En caso de necesidad, un buceador puede pasar esta segunda etapa a un compañero que necesita aire para respirar sin esperar a que la coja personalmente.
Estamos acostumbrados a comunicarnos a través de la voz y pensamos que siempre es posible hacerlo. En realidad, en el espacio interestelar o debajo del agua no lograrías que te entendieran ni siquiera gritando a pleno pulmón. Al no poder utilizar la voz como medio de comunicación, los buceadores se han visto obligados a inventar otros sistemas.
Por este motivo a menudo los buceadores se comunican mediante señales, sobre todo gestos, que para ser inmediatamente comprensibles deben ser simples y unívocos y estar codificados. Estos gestos son prácticamente los mismos en todo el mundo y nos permiten comunicar conceptos simples a los buceadores de todos los países.
Como buceador, comunicarás con tus compañeros sobre todo a través de gestos. Sin embargo, para que una comunicación como esta resulte eficaz es necesario prestar atención a los procedimientos operativos. Antes de efectuar una señal debes estar seguro de haber capturado la atención de quien debe recibir el mensaje. Los gestos deben ser fácilmente visibles, por lo que es mejor efectuarlos a un lado del cuerpo.
Por último, tu compañero deberá responderte de modo inequívoco repitiendo la misma señal para confirmar que ha interpretado correctamente el gesto. Veamos ahora algunos de los principales gestos codificados:
ok, todo bien;
algo no va bien;
arriba, subamos;
abajo, bajemos;
compensar;
tengo poquísimo aire;
estoy sin aire;
compartamos el aire;
quieto;
cerca;
mira;
¿cuánto aire tienes?
Durante tus inmersiones encontrarás miles de seres vivos, todos maravillosos. Cada inmersión quedará grabada en tu memoria con recuerdos indelebles.
Serás huésped de un ambiente que abarca "la enormidad” de las ballenas y lo infinitamente pequeño, como los microscópicos pólipos del coral.
Descubrirás por ti mismo que algunos animales que normalmente se describen como seres temibles y agresivos en realidad no lo son.
La tímida y miope morena no mueve la boca para amenazarte o para morderte: es su modo de respirar.
El barracuda es un auténtico predador, pero solo de sardinas y de otros peces pequeños.
Incluso podrás admirar tranquilamente a los tiburones en su ambiente natural sin correr grandes riesgos.
Obviamente estamos expuestos al riesgo de sufrir algún ataque, pero en general se trata de pequeños ejemplares, como el pez payaso, que con tal de defender su casa y a sus crías se atreve a desafiar a un gigante como tú.
Los mayores peligros derivan de un comportamiento incorrecto por parte del buceador. Si se te ocurre agarrarte a la cola de una raya, por ejemplo, tendrás que vértelas con el poderoso acúleo de su base.
Si tocas o chocas contra el coral de fuego, comprenderás inmediatamente por qué se llama así.
Para aturdir a sus presas, el torpedo es capaz de emitir una descarga eléctrica de alto voltaje, que también le resulta útil para defenderse. ¡No intentes cogerla con las manos!
Para disuadir a los predadores e impedir que se los traguen, algunos peces tienen acúleos venenosos en las aletas.
Para evitarlos basta mirar dónde nos apoyamos y resistir a la tentación de tocar todo lo que encontramos.
Entre otras cosas, al tocar a los animales podemos estropear los delicados revestimientos que los protegen contra las infecciones y los parásitos.
Para impedir que se produzcan contactos perjudiciales para el buceador y para la fauna acuática, lo mejor es utilizar siempre un traje de buceo completo, no tocar a los animales y leer una buena guía naturalista local para informarse de su presencia.
En muchas naciones del mundo está prohibido recoger conchas vivas, en otros también las muertas. Las multas son altísimas en algunos países.
Como visitantes de la belleza del mundo sumergido, es nuestra labor esforzarnos para que el reino acuático pase a la posteridad en las mismas condiciones en las que lo hemos encontrado, o incluso mejores.
Te encuentras a punto de volar en el reino acuático con tus propias alas. El maravilloso mundo sumergido te ha abierto sus puertas. ¡Empieza la aventura!
La posibilidad de interactuar con el instructor, los manuales, los cuestionarios y los vídeos explicativos están siempre disponibles. Así el alumno puede estudiar y prepararse en cualquier momento y dondequiera que se encuentre.
hemos creado el mejor programa para que puedas cumplir tu deseo de pasarte a PSS...